De la rutinaria inspección de Ascensores en Riesgo
La intención del presente artículo es llamar la atención sobre el estado del arte de nuestra actividad, que muchas veces no es privilegiado de la debida forma y parte de la responsabilidad de que ello sea así es por nuestra propia acción u omisión. Posibilitar el transporte seguro de personas de forma continua es una actividad de riesgo que, tal como se pudiera realizar en el transporte aéreo, requiere de controles superpuestos, superabundantes y hasta cruzados.
En nuestro trabajo diario es normal recibir solicitudes de
inspección de ascensores para luego cotizar el servicio de mantenimiento. Luego de muchos años, donde la cantidad de
inspecciones realizadas ya solo es un mero dato estadístico del cual se perdió su
registro la principal motivación corre por descubrir detalles novedosos, fuera
de lo común o extraordinarios, somos cronistas de la historia contemporánea de
las instalaciones de ascensor de nuestra Ciudad: mientras mayor sea la
antigüedad de la obra visitada mayor es la expectativa sobre lo que
encontraremos.
Pero ocurre que no siempre se descubren elementos
extraordinarios sino más bien, en la mayoría de las veces nos encontramos con
obras muy deterioradas, con graves falencias de seguridad y signos de falta de
mantenimiento mínimo aunque más no sea y nos inquieta ver cómo, de todas
formas, estas instalaciones funcionan realizando su cometido: “TRANSPORTAR
PERSONAS”.
Debo reconocer que, siendo más joven, durante las
inspecciones de mis primeros años de trabajo en el gremio, acostumbraba a
responsabilizar de situaciones riesgosas de las instalaciones de ascensores a
quienes detentaban la responsabilidad de su mantenimiento; ese sentimiento
juvenil de poder ser superhéroe y solucionar los conflictos más intensos de
nuestra sociedad, de poder dar solución hasta a la mayor catástrofe que pudiera
descubrir realizando mi trabajo. Con el
tiempo se descubre que no solo puede haber un responsable sino más bien los
responsables son varios, hasta uno mismo.
Inspira este artículo una situación particular. Durante una inspección “rutinaria” a
instalación de los ascensores de un importante edificio de departamentos descubrimos
cables de tracción en alarmante estado de deterioro: alambres cortados en
grupo, segmentos con aceite derramado, otros con grasas y los más con intensos
colores naranja signo de corrosión; los canales de la polea tractora totalmente
desgastada, y hasta en algunas máquinas se percibía un mínimo resbalamiento de cables
y más, muchos detalles y falencias en toda la instalación: en el pasadizo, en
el coche, en los operadores de puerta y un largo etcétera. Tal vez la situación pueda resultar común a
tantas otras que podemos observar en edificios de nuestras ciudades, la
prudencia ordena no emitir juicio y marcharse, pues nuestro rol es el de un
observador invitado con un rango de acción limitado a la emisión de un reporte
hacia el responsable legal de la instalación con la finalidad de poder convencerlo
de realizar tareas correctivas, muchas urgentes y otras no tanto.
¿Puede un cable de acero dúctil, con alma geotextil fallar de
un momento a otro? ¿Podrá manifestarse
la falla de este elemento estructural en un lapso de 90 días? Claro que no.
De la forma que escribo 90 días pude haber dicho 6 meses. Los signos de degradación o disminución de la
capacidad portante de tales elementos pueden observarse con varios meses de
anticipación pues este noble elemento va adaptándose progresivamente a cada
nueva situación de equilibrio luego de que falle alguno de sus elementos
constitutivos, de igual forma los canales de la polea tractora tardan en llegar
a un estado de desgaste tal que exigirá su reparación o reemplazo. En este largo período de tiempo tiene que
haber habido algún tipo de inspección municipal, o al menos debió de haberse
realizado la inspección de rutina del responsable técnico o siquiera el
personal de mantenimiento tendría que haber observado e informado de como
evolucionaba el deterioro de la instalación; es decir, no hay solo un
responsable en que una instalación de ascensor llegue a un estado tan
lamentable y que, hasta incluso, ponga en riesgo a las personas transportadas.
Mirándonos
el ombligo
Inmediatamente de regreso a nuestra oficina se comienza con
la importante tarea de preparar el escrito, a modo de informe, para darle a
conocer las novedades al Administrador del Edificio, quien nos había solicitado
la inspección. Pensamos que cuanto antes
le enviemos esta información, antes se podrán tomar las medidas de remediación,
además de disponer la clausura provisoria de los elevadores más comprometidos
(dos de seis), nos llama la atención de que el libro municipal de conservación
se encuentre en regla, con las inspecciones debidamente registradas y con la
firma del responsable bajo un párrafo repetido en todas sus hojas: “Se inspecciono instalación encontrándose en
condiciones normales de funcionamiento”.
El informe es terminado y enviado en menos de una hora, con
mucho material fotográfico de apoyo, que grafique aquellas expresiones técnicas
difícil de entender y, por sobre todo, acerquen a los ojos del administrador
una situación de calamidad y que, se presume, desconoce. Entendemos que, al igual que se nos llamo es
de esperar que otras empresas realizasen inspecciones y sus respectivos
informes por lo cual habríamos de esperar un tiempo de análisis prudente.
Luego de dos días de espera nos convoca el administrador del
edificio a su oficina para consensuar los términos de un convenio con nuestra
empresa por el mantenimiento de los ascensores.
Preparados con un plan de trabajo e inversiones nos presentamos y
ahondamos en detalles que nos preocupan, sobre todo el inmediato cambio de
cables de tracción y rectificación de polea tractora. Para nuestra sorpresa, el administrador nos
comenta que ya estaba al corriente de la situación de su instalación de
ascensores, nos informa sobre la situación financiera del consorcio, que en los
últimos meses de debieron de realizar 2000 m2 de
impermeabilizaciones y que enfrenta algunos problemas de índole gremial. Se nos pide nos destaquemos y mejoremos las
tareas de mantenimiento y pospongamos el plan de inversión por unos seis o doce
meses, cuando entonces estarán dadas las condiciones para su contratación.
¿Cuantas veces se repite esta situación? Agotados todos los argumentos que avalen la
inmediata remediación de patologías graves evidentemente son pocas las opciones
que nos quedan. En cumplimiento de
nuestra Responsabilidad Social Empresaria se ofrecen descuentos y planes de
pago que, al no ser viables por cuanto el consorcio ya tiene muy comprometido
su recaudación para el cumplimiento de plantes de pago de atrasos de impuestos
no queda otra propuesta más que esperar la resolución financiera para poder
tomar cargo de la instalación.
Otra alternativa hubiera sido la de aceptar la petición del
representante legal del edificio. Es
probable que una y otra vez el administrador haya comprometido a distintos
conservadores a aguardar alguna resolución financiera para implementar tareas
de mejoras en sus ascensores; crédulos todos aceptamos la responsabilidad,
conocedores de que estas situaciones de deterioro llevan años en representar un
riesgo de vida inminente, lo que nos da tiempo suficiente para cerrar algún
plan de mejoras. Yo la llamo la miopía
del ascensorista, con tantos años en el rubro, habiendo visto y
observado muchas situaciones que similares aceptamos riesgos tolerables en contra de toda normativa conocida, en contra
de nuestros principios y hasta en contra de nuestra propia actividad, pues si
no soy yo quien acepte este mantenimiento seguramente habrá otra empresa que lo
tomará y la cadena se convierte en un círculo vicioso que ni siquiera beneficia
a este inescrupuloso o deficiente administrador que en algún momento deberá
tomar la decisión de inversión, clausurar el sistema de elevación o, en el peor
de los casos, enfrentar la responsabilidad moral y legal de un accidente.
No hay muchos tipos de clientes, los hay responsables o
irresponsables. Un administrador
irresponsable podrá ser muy exigente con su empresa conservadora en cuanto a
mantener costos bajos y a la exigencia de respuestas urgentes de reclamos, en
la vorágine diaria estamos aceptando estas condiciones pues sabemos ya que
nuestra propuesta de mejora queda olvidada en la montaña de presupuestos
enviados y jamás respondidos, hasta qué punto se ha de aceptar esta condición
pues hasta tanto ocurre un imprevisto y nos damos cuenta de toda la
responsabilidad que quisimos evadir pero se encuentra justo sobre nosotros.
El Ciclo del mantenimiento de los ascensores se encuentra
integrado no solo por el Comitente, El Conservador y La Autoridad de
Fiscalización sino por nuestra Competencia, los demás conservadores que
presionarán y se encuentran a la expectativa por posibles cambios en el
servicio. Entendiendo esto, manejando un
mismo léxico y códigos de trabajo y no hablo de acuerdos bajo cuerda sino más
bien, de saber evaluar el riesgo de una instalación con similares estándares de
alerta e involucrando a la autoridad de fiscalización, capacitándola de ser
necesario podremos lograr un ciclo virtuoso del mantenimiento de ascensores.
El Cliente dispone de su instalación de
ascensores para que se realicen las tareas de conservación y mantenimiento,
para minimizar riesgos de accidentes y conservar en valor la inversión que
implica el sistema de elevadores.
El Conservador asumirá la responsabilidad de la
seguridad de la instalación realizando tareas preventivas y, cada vez que sea
necesario, trabajos de modernización para mantener la jerarquía de la misma.
La Autoridad de Fiscalización evaluará la pericia y profesionalidad
del conservador e informará a las partes sobre cambios registrados.
La Competencia en el mercado de los ascensores
inspeccionará a pedido de los clientes ascensores bajo custodia de otras
empresas colegas para presentar planes de mejora y/o modernización que serán
puestos a consideración con los planes emitidos por el Conservador actual.



No hay comentarios:
Publicar un comentario