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domingo, 28 de febrero de 2016
sábado, 27 de febrero de 2016
Elevators: San Nicolás Building
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lunes, 22 de febrero de 2016
miércoles, 27 de enero de 2016
La ética y la industria del elevador
Si vemos un artículo que trata de
explicar las razones por las cuales la ética es un valor de importancia: ¿qué
tan acertado nos parecería su inclusión en ella? ¿Es la ética un tópico a tratar en una
revista especializada? ¿Para qué serviría hablar sobre las razones de la
ética? Pues bien, tratemos de responder
este dilema.
Desde que el hombre existe como
tal trata de dilucidar acerca de la conveniencia sobre su comportamiento, por
qué elegir hacer tal cosa por sobre la otra, ese es un dilema ético. La ética se forma en la conciencia individual
externalizándose para terminar su proceso formativo ya como un consiente colectivo
que nos permitirá contar con un marco de conducta regulatorio.
Se puede decir que la ética se
nutre de la moral y que la moral es una regla de conducta individual que
evoluciona desde un momento cero hasta el mayor estadio posible al que el
individuo pueda acceder. Del mismo modo
en que no todos podremos alguna vez levantar una pesa de 200 kilogramos, por
más que entrenemos día tras días, el desarrollo moral de las personas, aunque
atraviesa por las mismas etapas formativas, se produce a diferentes
velocidades, en diferentes momentos y no siempre logra el mayor de los
desarrollos.
Al momento del nacimiento
contamos con un sentido o razón intuitiva sobre qué hacer: gritar si algo
molesta, llorar si se siente frustración, sonreír al obtener satisfacción
etcétera, desde este punto atravesaremos diferentes estadios a través de un
camino que no tiene devolución aunque si podremos estancarnos más no retroceder, a
pesar de que puedan permanecer vestigios de comportamiento dominados por la
etapa evolutiva anterior. Este proceso
bien lo detalla el psicólogo estadounidense Lawrence Kohlberg quien distingue 6
procesos evolutivos diferentes.
Pero aún no respondemos el
disparador: ¿Por qué hablar sobre ética en una revista especializada? Pues comprendamos las normas morales íntimas
de nuestros colaboradores y estaremos aún más seguro sobre ellos; llevemos
adelante una organización con normas éticas definidas y seguramente obtendremos
ventajas no solo económicas sino también comerciales convirtiendo en valor
nuestro valor. La ética entendida como
un compendio de normas puede trasladarse fácilmente a cualquier organización y
hacerla parte de su cultura, modificando las pautas morales de quienes forman
parte de esta y hasta de quienes son sus colaboradores externos.
La moral, que es propia del
individuo, evoluciona a través de procesos internos por medio del ser racional
y, en el camino, al interrelacionarse y sociabilizar forma parte del
conglomerado ético propio de su grupo, pues la ética se interpreta como el
conjunto de normas sociales que adopta cada cultura en su afán de lograr el
bien común y la perdurable convivencia.
La ética no es una norma jurídica pero su no cumplimiento nos expone
ante nuestros semejantes so pena de ser apartados del grupo y de sus ventajas
corporativas.
Las organizaciones, como personas
jurídicas, de las cuales podrían decir que no tienen moral (no tienen autonomía
ni conciencia sino a través de sus gerentes) si deben de aceptar un marco ético
sobre el cual desenvolverse y hasta evolucionar para adaptarse a la sociedad
sobre la cual trabajará y brindará sus servicios. El adoptar la ética de nuestra sociedad no
solo nos identificará y acercará a ella sino que dará la posibilidad de
explotar una ventaja competitiva frente a quienes no la respetan y
trasgreden. Cuando una organización
comparte los valores sociales de quienes la forman no solo se identifica con
ellos sino que logrará un sentimiento de pertenencia y lealtad único e
invalorable fuente de una mayor motivación y, por supuesto, de mayores
beneficios a consecuencia de una mejor eficiencia y productividad, atención de
clientes, su fidelización y captación de otros nuevos a causa de la espontánea
recomendación boca en boca.
La ética Organizacional
La primera norma ética de una
organizacional la dicta el comportamiento espontáneo de quienes la dirigen; sus
dichos y el proceder ante cada dilema
serán registrados por los atentos subordinados que buscan satisfacer a sus
dirigentes. En la medida en que
evoluciona la organización deberá evolucionar su comportamiento ético desde la
mera imitación de quienes la dirigen hasta la consecución de un código de
conducta y la internalización en cada miembro hasta lograr formar una cultura
organizacional propia y única que trasmita sus valores a los nuevos miembros y
pueda ser visualizada por la sociedad a la cual sirve.
Para que el comportamiento ético
dentro de una organización sea respetado, practicado e incentivado debe ser,
primero, común hablar sobre ética, exaltando las conductas apropiadas y
castigando las que muestran desviación.
Ya desde la definición de nuestra misión como organización se deberá de
plantear la conducta ética esperada y los valores en los cuales basaremos
nuestro accionar serán expuestos ante las personas que deseen ser parte de
ella.
¿Por qué será de importancia hablar
sobre ética en una revista especializada?
Pues porque no interesa sobre que industria nos refiramos, ya que todas las
organizaciones buscan un mismo fin: el de ser viables y prestar los servicios
que la sociedad requiera y sobre los cuales se especializa y será la sociedad
quien dictaminará, finalmente, la valía de nuestra producción en base a
criterios también subjetivos que valorarán el respeto a las normas culturales
comunes. Además, la eficiencia y eficacia de la operatividad de
nuestra organización serán función de la motivación lograda en nuestros
asociados, tanto mayor cuanto mayor sea la identificación personal con los
valores comunes y, para ello, será necesario el entendimiento de los procesos
morales y éticos tanto personales como organizacionales.
domingo, 24 de enero de 2016
Desde los nuevos paradigmas económicos hacia la Evolución de la Empresa de Conservación de Ascensores
Ya hemos aprendido a manejar en tiempos tormentosos para bien aplicar el refrán: “a río revuelto ganancia de pescadores”
Si evaluáramos brevemente el
desempeño de nuestra industria desde hace escasos 20 años a la fecha notaremos
los diferentes ritmos y huellas que imponen las constantes modificaciones que
generan nuevos paradigmas. Las pequeñas
empresas conservadoras, que marcan la diferencia en nuestra industria respecto
a la de las demás industrias de los hermanos países latinoamericanos lejos de
la posibilidad de desaparecer parecen afianzarse interpretando muy bien los
humores cambiantes de nuestra economía.
A pesar de vivenciar un permanente estado de crisis cambiaria,
inflacionaria, de incertidumbre general el empresariado argentino, ya
acostumbrado a estos avatares, puede seguir adelantando y, creo, las empresas
dedicadas a la conservación de ascensores aprovechan esta marea y ven crecer su
parque a cargo. Son menos los que no
logran beneficiarse de esta circunstancia y, de a poco, van quedando atrapados
en su pequeña realidad ya dispuestos a aceptar su condición como la de un mero
oficio, perdiendo definitivamente la necesaria visión de un emprendedor.
Para montar la cresta y lograr
mantener un proceso de constante crecimiento, generalmente de forma intuitiva,
hemos profesionalizado nuestra labor adoptando nuevas herramientas de Gestión
tanto Administrativa como Tecnológica que nos ha permitido soliviar la mayor
estructura organizativa que requieren nuestras PYMES.
Sabido es que dentro de la
vertiginosa turbulencia de los cambios es cuando sobresale el talento y la
formación diferente, quienes tengan ese poder innato de supervivencia extrema
de adaptación, versatilidad y, por sobre todo, la visión del horizonte que aún
no se deja ver podrán liderar con ventaja sobre quienes aún no logran, no
pueden o simplemente no quieren enterarse de que la sociedad indefectiblemente
acompañara de una u otra forma esta nueva realidad. Por supuesto que en el camino habrán
rezagados pero la mayoría de nuestros empresarios ya están preparados y asisten
a este rumbo que se afianza en nuestro país; la mayor profesionalización y
jerarquización de los servicios de conservación de ascensores generará una
mayor especialización y necesidad de otra infraestructura, el crecimiento de
estas organizaciones ya es inevitable.
En plena recesión apenas bajó la
demanda de elevadores; si, hubo menor trabajo pero nunca en los niveles antes
esperados y hasta el fenómeno inflacionario, bien manejado, pudo presentarse
como una ventaja competitiva lográndose una mayor rapidez en la resolución de
cada contrato y hasta, en muchos casos, una mejor forma de pago logrando
percibir el total de la inversión por adelantado, olvidándonos del agobio que
genera luego buscar la certificación final.
Claro que somos conscientes que todo proceso inflacionario puede resultar
fatal para el desprevenido y, de hecho, genera quiebras pero otra vez
repetimos: nuestro empresariado ya ha tomado varias lecciones sobre economía
argentina y sabe actuar, salvo las excepciones que son de público conocimiento
y de las cuales ya podríamos aseverar que han sido debido una conducta
displicente y hasta irresponsable más que a las consecuencias de nuestra
realidad como país. En estos casos la
inflación actúa como una zaranda o un tamiz que dejará de lado la materia prima
no apta para esta industria y en todo caso es una herramienta más que eficaz en
un proceso de nivelación hacia arriba y a la evolución en cuanto al
profesionalismo empresarial.
El nuevo escenario a ocupar nos
exigirá una mayor capacidad de gestión, no solo para dejar de utilizar la
libreta de notas e incorporar sistemas informáticos sobre reclamos y manejo de
cuentas sino para no perder el contacto personal para con una cada vez mayor
cantidad de clientes. A pesar de que
nuestras organizaciones crezcan y ya sintamos tener una gran empresa de
servicios estos nunca serán de forma monopólica y, aunque lo fueran, nunca se
debe de perder el sentido de servicio y atención personalizada, pues la
naturaleza de esta esta industria no lo permite, ya se vio en casos donde el
trato despersonalizado primo sobrevino al tiempo la falta de confianza del
cliente hacia su operador y la consecuente debacle económica primero y
financiera luego de quien aplico este criterio.
Esta nueva realidad nos obliga a
participar insistentemente en todo foro y discusión posible acerca de la
normalización de la actividad, su regulación y la necesidad de una mayor
profesionalización de los actores, ya sean los operarios, los inspectores y
hasta quienes administran el sistema de transporte vertical de cada inmueble. La actividad solidaria y altruista no es más
que el pequeño grano de arena que debemos aportar para construir
definitivamente esta nueva realidad que deberá de aplicarse de una forma
descentralizada y solidaria hacia las jurisdicciones de menores recursos, pues
no deben de quedar sitios propicios para las malas praxis, la competencia
deberá gestarse hacia la innovación y calidad total certificada.
Y no nos olvidemos de Juan
Ya lo hemos dicho, el principal
eslabón que asegura el éxito de nuestra actividad, lo constituyen nuestros
técnicos de atención, sin ellos toda palabra es nada, la mayor de las
herramientas para afianzar el cambio será la capacitación constante y
permanente de quienes ejerzan el oficio de ascensorista. Deberemos de imponer certificaciones de
oficio periódicas evaluando criterios tecnológicos, sobre seguridad y desempeño
en la atención hacia las necesidades de nuestros clientes, veremos no solo su
profesionalización sino también su jerarquización, la sociedad todavía no
entiende que un técnico ascensorista tiene una responsabilidad similar o hasta
incluso superior a quien inspecciona una aeronave y esto ocurrirá, tiempo
mediante, mediante un proceso de capacitación permanente, siempre y cuando las
empresas conservadoras apoyen y complementen la iniciativa entregando los
recursos físicos necesarios pues el santo es santo pero más santo será si se
viste como tal.
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lunes, 25 de mayo de 2015
Inspeccion de ascensores en riesgo
De la rutinaria inspección de Ascensores en Riesgo
La intención del presente artículo es llamar la atención sobre el estado del arte de nuestra actividad, que muchas veces no es privilegiado de la debida forma y parte de la responsabilidad de que ello sea así es por nuestra propia acción u omisión. Posibilitar el transporte seguro de personas de forma continua es una actividad de riesgo que, tal como se pudiera realizar en el transporte aéreo, requiere de controles superpuestos, superabundantes y hasta cruzados.
En nuestro trabajo diario es normal recibir solicitudes de
inspección de ascensores para luego cotizar el servicio de mantenimiento. Luego de muchos años, donde la cantidad de
inspecciones realizadas ya solo es un mero dato estadístico del cual se perdió su
registro la principal motivación corre por descubrir detalles novedosos, fuera
de lo común o extraordinarios, somos cronistas de la historia contemporánea de
las instalaciones de ascensor de nuestra Ciudad: mientras mayor sea la
antigüedad de la obra visitada mayor es la expectativa sobre lo que
encontraremos.
Pero ocurre que no siempre se descubren elementos
extraordinarios sino más bien, en la mayoría de las veces nos encontramos con
obras muy deterioradas, con graves falencias de seguridad y signos de falta de
mantenimiento mínimo aunque más no sea y nos inquieta ver cómo, de todas
formas, estas instalaciones funcionan realizando su cometido: “TRANSPORTAR
PERSONAS”.
Debo reconocer que, siendo más joven, durante las
inspecciones de mis primeros años de trabajo en el gremio, acostumbraba a
responsabilizar de situaciones riesgosas de las instalaciones de ascensores a
quienes detentaban la responsabilidad de su mantenimiento; ese sentimiento
juvenil de poder ser superhéroe y solucionar los conflictos más intensos de
nuestra sociedad, de poder dar solución hasta a la mayor catástrofe que pudiera
descubrir realizando mi trabajo. Con el
tiempo se descubre que no solo puede haber un responsable sino más bien los
responsables son varios, hasta uno mismo.
Inspira este artículo una situación particular. Durante una inspección “rutinaria” a
instalación de los ascensores de un importante edificio de departamentos descubrimos
cables de tracción en alarmante estado de deterioro: alambres cortados en
grupo, segmentos con aceite derramado, otros con grasas y los más con intensos
colores naranja signo de corrosión; los canales de la polea tractora totalmente
desgastada, y hasta en algunas máquinas se percibía un mínimo resbalamiento de cables
y más, muchos detalles y falencias en toda la instalación: en el pasadizo, en
el coche, en los operadores de puerta y un largo etcétera. Tal vez la situación pueda resultar común a
tantas otras que podemos observar en edificios de nuestras ciudades, la
prudencia ordena no emitir juicio y marcharse, pues nuestro rol es el de un
observador invitado con un rango de acción limitado a la emisión de un reporte
hacia el responsable legal de la instalación con la finalidad de poder convencerlo
de realizar tareas correctivas, muchas urgentes y otras no tanto.
¿Puede un cable de acero dúctil, con alma geotextil fallar de
un momento a otro? ¿Podrá manifestarse
la falla de este elemento estructural en un lapso de 90 días? Claro que no.
De la forma que escribo 90 días pude haber dicho 6 meses. Los signos de degradación o disminución de la
capacidad portante de tales elementos pueden observarse con varios meses de
anticipación pues este noble elemento va adaptándose progresivamente a cada
nueva situación de equilibrio luego de que falle alguno de sus elementos
constitutivos, de igual forma los canales de la polea tractora tardan en llegar
a un estado de desgaste tal que exigirá su reparación o reemplazo. En este largo período de tiempo tiene que
haber habido algún tipo de inspección municipal, o al menos debió de haberse
realizado la inspección de rutina del responsable técnico o siquiera el
personal de mantenimiento tendría que haber observado e informado de como
evolucionaba el deterioro de la instalación; es decir, no hay solo un
responsable en que una instalación de ascensor llegue a un estado tan
lamentable y que, hasta incluso, ponga en riesgo a las personas transportadas.
Mirándonos
el ombligo
Inmediatamente de regreso a nuestra oficina se comienza con
la importante tarea de preparar el escrito, a modo de informe, para darle a
conocer las novedades al Administrador del Edificio, quien nos había solicitado
la inspección. Pensamos que cuanto antes
le enviemos esta información, antes se podrán tomar las medidas de remediación,
además de disponer la clausura provisoria de los elevadores más comprometidos
(dos de seis), nos llama la atención de que el libro municipal de conservación
se encuentre en regla, con las inspecciones debidamente registradas y con la
firma del responsable bajo un párrafo repetido en todas sus hojas: “Se inspecciono instalación encontrándose en
condiciones normales de funcionamiento”.
El informe es terminado y enviado en menos de una hora, con
mucho material fotográfico de apoyo, que grafique aquellas expresiones técnicas
difícil de entender y, por sobre todo, acerquen a los ojos del administrador
una situación de calamidad y que, se presume, desconoce. Entendemos que, al igual que se nos llamo es
de esperar que otras empresas realizasen inspecciones y sus respectivos
informes por lo cual habríamos de esperar un tiempo de análisis prudente.
Luego de dos días de espera nos convoca el administrador del
edificio a su oficina para consensuar los términos de un convenio con nuestra
empresa por el mantenimiento de los ascensores.
Preparados con un plan de trabajo e inversiones nos presentamos y
ahondamos en detalles que nos preocupan, sobre todo el inmediato cambio de
cables de tracción y rectificación de polea tractora. Para nuestra sorpresa, el administrador nos
comenta que ya estaba al corriente de la situación de su instalación de
ascensores, nos informa sobre la situación financiera del consorcio, que en los
últimos meses de debieron de realizar 2000 m2 de
impermeabilizaciones y que enfrenta algunos problemas de índole gremial. Se nos pide nos destaquemos y mejoremos las
tareas de mantenimiento y pospongamos el plan de inversión por unos seis o doce
meses, cuando entonces estarán dadas las condiciones para su contratación.
¿Cuantas veces se repite esta situación? Agotados todos los argumentos que avalen la
inmediata remediación de patologías graves evidentemente son pocas las opciones
que nos quedan. En cumplimiento de
nuestra Responsabilidad Social Empresaria se ofrecen descuentos y planes de
pago que, al no ser viables por cuanto el consorcio ya tiene muy comprometido
su recaudación para el cumplimiento de plantes de pago de atrasos de impuestos
no queda otra propuesta más que esperar la resolución financiera para poder
tomar cargo de la instalación.
Otra alternativa hubiera sido la de aceptar la petición del
representante legal del edificio. Es
probable que una y otra vez el administrador haya comprometido a distintos
conservadores a aguardar alguna resolución financiera para implementar tareas
de mejoras en sus ascensores; crédulos todos aceptamos la responsabilidad,
conocedores de que estas situaciones de deterioro llevan años en representar un
riesgo de vida inminente, lo que nos da tiempo suficiente para cerrar algún
plan de mejoras. Yo la llamo la miopía
del ascensorista, con tantos años en el rubro, habiendo visto y
observado muchas situaciones que similares aceptamos riesgos tolerables en contra de toda normativa conocida, en contra
de nuestros principios y hasta en contra de nuestra propia actividad, pues si
no soy yo quien acepte este mantenimiento seguramente habrá otra empresa que lo
tomará y la cadena se convierte en un círculo vicioso que ni siquiera beneficia
a este inescrupuloso o deficiente administrador que en algún momento deberá
tomar la decisión de inversión, clausurar el sistema de elevación o, en el peor
de los casos, enfrentar la responsabilidad moral y legal de un accidente.
No hay muchos tipos de clientes, los hay responsables o
irresponsables. Un administrador
irresponsable podrá ser muy exigente con su empresa conservadora en cuanto a
mantener costos bajos y a la exigencia de respuestas urgentes de reclamos, en
la vorágine diaria estamos aceptando estas condiciones pues sabemos ya que
nuestra propuesta de mejora queda olvidada en la montaña de presupuestos
enviados y jamás respondidos, hasta qué punto se ha de aceptar esta condición
pues hasta tanto ocurre un imprevisto y nos damos cuenta de toda la
responsabilidad que quisimos evadir pero se encuentra justo sobre nosotros.
El Ciclo del mantenimiento de los ascensores se encuentra
integrado no solo por el Comitente, El Conservador y La Autoridad de
Fiscalización sino por nuestra Competencia, los demás conservadores que
presionarán y se encuentran a la expectativa por posibles cambios en el
servicio. Entendiendo esto, manejando un
mismo léxico y códigos de trabajo y no hablo de acuerdos bajo cuerda sino más
bien, de saber evaluar el riesgo de una instalación con similares estándares de
alerta e involucrando a la autoridad de fiscalización, capacitándola de ser
necesario podremos lograr un ciclo virtuoso del mantenimiento de ascensores.
El Cliente dispone de su instalación de
ascensores para que se realicen las tareas de conservación y mantenimiento,
para minimizar riesgos de accidentes y conservar en valor la inversión que
implica el sistema de elevadores.
El Conservador asumirá la responsabilidad de la
seguridad de la instalación realizando tareas preventivas y, cada vez que sea
necesario, trabajos de modernización para mantener la jerarquía de la misma.
La Autoridad de Fiscalización evaluará la pericia y profesionalidad
del conservador e informará a las partes sobre cambios registrados.
La Competencia en el mercado de los ascensores
inspeccionará a pedido de los clientes ascensores bajo custodia de otras
empresas colegas para presentar planes de mejora y/o modernización que serán
puestos a consideración con los planes emitidos por el Conservador actual.
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