miércoles, 27 de enero de 2016

La ética y la industria del elevador

Si vemos un artículo que trata de explicar las razones por las cuales la ética es un valor de importancia: ¿qué tan acertado nos parecería su inclusión en ella?  ¿Es la ética un tópico a tratar en una revista especializada? ¿Para qué serviría hablar sobre las razones de la ética?  Pues bien, tratemos de responder este dilema.

Desde que el hombre existe como tal trata de dilucidar acerca de la conveniencia sobre su comportamiento, por qué elegir hacer tal cosa por sobre la otra, ese es un dilema ético.  La ética se forma en la conciencia individual externalizándose para terminar su proceso formativo ya como un consiente colectivo que nos permitirá contar con un marco de conducta regulatorio.
Se puede decir que la ética se nutre de la moral y que la moral es una regla de conducta individual que evoluciona desde un momento cero hasta el mayor estadio posible al que el individuo pueda acceder.  Del mismo modo en que no todos podremos alguna vez levantar una pesa de 200 kilogramos, por más que entrenemos día tras días, el desarrollo moral de las personas, aunque atraviesa por las mismas etapas formativas, se produce a diferentes velocidades, en diferentes momentos y no siempre logra el mayor de los desarrollos.

Al momento del nacimiento contamos con un sentido o razón intuitiva sobre qué hacer: gritar si algo molesta, llorar si se siente frustración, sonreír al obtener satisfacción etcétera, desde este punto atravesaremos diferentes estadios a través de un camino que no tiene devolución aunque si  podremos estancarnos más no retroceder, a pesar de que puedan permanecer vestigios de comportamiento dominados por la etapa evolutiva anterior.  Este proceso bien lo detalla el psicólogo estadounidense Lawrence Kohlberg quien distingue 6 procesos evolutivos diferentes.

Pero aún no respondemos el disparador: ¿Por qué hablar sobre ética en una revista especializada?  Pues comprendamos las normas morales íntimas de nuestros colaboradores y estaremos aún más seguro sobre ellos; llevemos adelante una organización con normas éticas definidas y seguramente obtendremos ventajas no solo económicas sino también comerciales convirtiendo en valor nuestro valor.  La ética entendida como un compendio de normas puede trasladarse fácilmente a cualquier organización y hacerla parte de su cultura, modificando las pautas morales de quienes forman parte de esta y hasta de quienes son sus colaboradores externos.

La moral, que es propia del individuo, evoluciona a través de procesos internos por medio del ser racional y, en el camino, al interrelacionarse y sociabilizar forma parte del conglomerado ético propio de su grupo, pues la ética se interpreta como el conjunto de normas sociales que adopta cada cultura en su afán de lograr el bien común y la perdurable convivencia.  La ética no es una norma jurídica pero su no cumplimiento nos expone ante nuestros semejantes so pena de ser apartados del grupo y de sus ventajas corporativas.

Las organizaciones, como personas jurídicas, de las cuales podrían decir que no tienen moral (no tienen autonomía ni conciencia sino a través de sus gerentes) si deben de aceptar un marco ético sobre el cual desenvolverse y hasta evolucionar para adaptarse a la sociedad sobre la cual trabajará y brindará sus servicios.  El adoptar la ética de nuestra sociedad no solo nos identificará y acercará a ella sino que dará la posibilidad de explotar una ventaja competitiva frente a quienes no la respetan y trasgreden.  Cuando una organización comparte los valores sociales de quienes la forman no solo se identifica con ellos sino que logrará un sentimiento de pertenencia y lealtad único e invalorable fuente de una mayor motivación y, por supuesto, de mayores beneficios a consecuencia de una mejor eficiencia y productividad, atención de clientes, su fidelización y captación de otros nuevos a causa de la espontánea recomendación boca en boca.

La ética Organizacional

La primera norma ética de una organizacional la dicta el comportamiento espontáneo de quienes la dirigen; sus dichos y  el proceder ante cada dilema serán registrados por los atentos subordinados que buscan satisfacer a sus dirigentes.  En la medida en que evoluciona la organización deberá evolucionar su comportamiento ético desde la mera imitación de quienes la dirigen hasta la consecución de un código de conducta y la internalización en cada miembro hasta lograr formar una cultura organizacional propia y única que trasmita sus valores a los nuevos miembros y pueda ser visualizada por la sociedad a la cual sirve.

Para que el comportamiento ético dentro de una organización sea respetado, practicado e incentivado debe ser, primero, común hablar sobre ética, exaltando las conductas apropiadas y castigando las que muestran desviación.  Ya desde la definición de nuestra misión como organización se deberá de plantear la conducta ética esperada y los valores en los cuales basaremos nuestro accionar serán expuestos ante las personas que deseen ser parte de ella.

¿Por qué será de importancia hablar sobre ética en una revista especializada?  Pues porque no interesa sobre que industria nos refiramos, ya que todas las organizaciones buscan un mismo fin: el de ser viables y prestar los servicios que la sociedad requiera y sobre los cuales se especializa y será la sociedad quien dictaminará, finalmente, la valía de nuestra producción en base a criterios también subjetivos que valorarán el respeto a las normas culturales comunes.  Además, la  eficiencia y eficacia de la operatividad de nuestra organización serán función de la motivación lograda en nuestros asociados, tanto mayor cuanto mayor sea la identificación personal con los valores comunes y, para ello, será necesario el entendimiento de los procesos morales y éticos tanto personales como organizacionales.

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