Si vemos un artículo que trata de
explicar las razones por las cuales la ética es un valor de importancia: ¿qué
tan acertado nos parecería su inclusión en ella? ¿Es la ética un tópico a tratar en una
revista especializada? ¿Para qué serviría hablar sobre las razones de la
ética? Pues bien, tratemos de responder
este dilema.
Desde que el hombre existe como
tal trata de dilucidar acerca de la conveniencia sobre su comportamiento, por
qué elegir hacer tal cosa por sobre la otra, ese es un dilema ético. La ética se forma en la conciencia individual
externalizándose para terminar su proceso formativo ya como un consiente colectivo
que nos permitirá contar con un marco de conducta regulatorio.
Se puede decir que la ética se
nutre de la moral y que la moral es una regla de conducta individual que
evoluciona desde un momento cero hasta el mayor estadio posible al que el
individuo pueda acceder. Del mismo modo
en que no todos podremos alguna vez levantar una pesa de 200 kilogramos, por
más que entrenemos día tras días, el desarrollo moral de las personas, aunque
atraviesa por las mismas etapas formativas, se produce a diferentes
velocidades, en diferentes momentos y no siempre logra el mayor de los
desarrollos.
Al momento del nacimiento
contamos con un sentido o razón intuitiva sobre qué hacer: gritar si algo
molesta, llorar si se siente frustración, sonreír al obtener satisfacción
etcétera, desde este punto atravesaremos diferentes estadios a través de un
camino que no tiene devolución aunque si podremos estancarnos más no retroceder, a
pesar de que puedan permanecer vestigios de comportamiento dominados por la
etapa evolutiva anterior. Este proceso
bien lo detalla el psicólogo estadounidense Lawrence Kohlberg quien distingue 6
procesos evolutivos diferentes.
Pero aún no respondemos el
disparador: ¿Por qué hablar sobre ética en una revista especializada? Pues comprendamos las normas morales íntimas
de nuestros colaboradores y estaremos aún más seguro sobre ellos; llevemos
adelante una organización con normas éticas definidas y seguramente obtendremos
ventajas no solo económicas sino también comerciales convirtiendo en valor
nuestro valor. La ética entendida como
un compendio de normas puede trasladarse fácilmente a cualquier organización y
hacerla parte de su cultura, modificando las pautas morales de quienes forman
parte de esta y hasta de quienes son sus colaboradores externos.
La moral, que es propia del
individuo, evoluciona a través de procesos internos por medio del ser racional
y, en el camino, al interrelacionarse y sociabilizar forma parte del
conglomerado ético propio de su grupo, pues la ética se interpreta como el
conjunto de normas sociales que adopta cada cultura en su afán de lograr el
bien común y la perdurable convivencia.
La ética no es una norma jurídica pero su no cumplimiento nos expone
ante nuestros semejantes so pena de ser apartados del grupo y de sus ventajas
corporativas.
Las organizaciones, como personas
jurídicas, de las cuales podrían decir que no tienen moral (no tienen autonomía
ni conciencia sino a través de sus gerentes) si deben de aceptar un marco ético
sobre el cual desenvolverse y hasta evolucionar para adaptarse a la sociedad
sobre la cual trabajará y brindará sus servicios. El adoptar la ética de nuestra sociedad no
solo nos identificará y acercará a ella sino que dará la posibilidad de
explotar una ventaja competitiva frente a quienes no la respetan y
trasgreden. Cuando una organización
comparte los valores sociales de quienes la forman no solo se identifica con
ellos sino que logrará un sentimiento de pertenencia y lealtad único e
invalorable fuente de una mayor motivación y, por supuesto, de mayores
beneficios a consecuencia de una mejor eficiencia y productividad, atención de
clientes, su fidelización y captación de otros nuevos a causa de la espontánea
recomendación boca en boca.
La ética Organizacional
La primera norma ética de una
organizacional la dicta el comportamiento espontáneo de quienes la dirigen; sus
dichos y el proceder ante cada dilema
serán registrados por los atentos subordinados que buscan satisfacer a sus
dirigentes. En la medida en que
evoluciona la organización deberá evolucionar su comportamiento ético desde la
mera imitación de quienes la dirigen hasta la consecución de un código de
conducta y la internalización en cada miembro hasta lograr formar una cultura
organizacional propia y única que trasmita sus valores a los nuevos miembros y
pueda ser visualizada por la sociedad a la cual sirve.
Para que el comportamiento ético
dentro de una organización sea respetado, practicado e incentivado debe ser,
primero, común hablar sobre ética, exaltando las conductas apropiadas y
castigando las que muestran desviación.
Ya desde la definición de nuestra misión como organización se deberá de
plantear la conducta ética esperada y los valores en los cuales basaremos
nuestro accionar serán expuestos ante las personas que deseen ser parte de
ella.
¿Por qué será de importancia hablar
sobre ética en una revista especializada?
Pues porque no interesa sobre que industria nos refiramos, ya que todas las
organizaciones buscan un mismo fin: el de ser viables y prestar los servicios
que la sociedad requiera y sobre los cuales se especializa y será la sociedad
quien dictaminará, finalmente, la valía de nuestra producción en base a
criterios también subjetivos que valorarán el respeto a las normas culturales
comunes. Además, la eficiencia y eficacia de la operatividad de
nuestra organización serán función de la motivación lograda en nuestros
asociados, tanto mayor cuanto mayor sea la identificación personal con los
valores comunes y, para ello, será necesario el entendimiento de los procesos
morales y éticos tanto personales como organizacionales.
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