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viernes, 19 de febrero de 2016

miércoles, 27 de enero de 2016

La ética y la industria del elevador

Si vemos un artículo que trata de explicar las razones por las cuales la ética es un valor de importancia: ¿qué tan acertado nos parecería su inclusión en ella?  ¿Es la ética un tópico a tratar en una revista especializada? ¿Para qué serviría hablar sobre las razones de la ética?  Pues bien, tratemos de responder este dilema.

Desde que el hombre existe como tal trata de dilucidar acerca de la conveniencia sobre su comportamiento, por qué elegir hacer tal cosa por sobre la otra, ese es un dilema ético.  La ética se forma en la conciencia individual externalizándose para terminar su proceso formativo ya como un consiente colectivo que nos permitirá contar con un marco de conducta regulatorio.
Se puede decir que la ética se nutre de la moral y que la moral es una regla de conducta individual que evoluciona desde un momento cero hasta el mayor estadio posible al que el individuo pueda acceder.  Del mismo modo en que no todos podremos alguna vez levantar una pesa de 200 kilogramos, por más que entrenemos día tras días, el desarrollo moral de las personas, aunque atraviesa por las mismas etapas formativas, se produce a diferentes velocidades, en diferentes momentos y no siempre logra el mayor de los desarrollos.

Al momento del nacimiento contamos con un sentido o razón intuitiva sobre qué hacer: gritar si algo molesta, llorar si se siente frustración, sonreír al obtener satisfacción etcétera, desde este punto atravesaremos diferentes estadios a través de un camino que no tiene devolución aunque si  podremos estancarnos más no retroceder, a pesar de que puedan permanecer vestigios de comportamiento dominados por la etapa evolutiva anterior.  Este proceso bien lo detalla el psicólogo estadounidense Lawrence Kohlberg quien distingue 6 procesos evolutivos diferentes.

Pero aún no respondemos el disparador: ¿Por qué hablar sobre ética en una revista especializada?  Pues comprendamos las normas morales íntimas de nuestros colaboradores y estaremos aún más seguro sobre ellos; llevemos adelante una organización con normas éticas definidas y seguramente obtendremos ventajas no solo económicas sino también comerciales convirtiendo en valor nuestro valor.  La ética entendida como un compendio de normas puede trasladarse fácilmente a cualquier organización y hacerla parte de su cultura, modificando las pautas morales de quienes forman parte de esta y hasta de quienes son sus colaboradores externos.

La moral, que es propia del individuo, evoluciona a través de procesos internos por medio del ser racional y, en el camino, al interrelacionarse y sociabilizar forma parte del conglomerado ético propio de su grupo, pues la ética se interpreta como el conjunto de normas sociales que adopta cada cultura en su afán de lograr el bien común y la perdurable convivencia.  La ética no es una norma jurídica pero su no cumplimiento nos expone ante nuestros semejantes so pena de ser apartados del grupo y de sus ventajas corporativas.

Las organizaciones, como personas jurídicas, de las cuales podrían decir que no tienen moral (no tienen autonomía ni conciencia sino a través de sus gerentes) si deben de aceptar un marco ético sobre el cual desenvolverse y hasta evolucionar para adaptarse a la sociedad sobre la cual trabajará y brindará sus servicios.  El adoptar la ética de nuestra sociedad no solo nos identificará y acercará a ella sino que dará la posibilidad de explotar una ventaja competitiva frente a quienes no la respetan y trasgreden.  Cuando una organización comparte los valores sociales de quienes la forman no solo se identifica con ellos sino que logrará un sentimiento de pertenencia y lealtad único e invalorable fuente de una mayor motivación y, por supuesto, de mayores beneficios a consecuencia de una mejor eficiencia y productividad, atención de clientes, su fidelización y captación de otros nuevos a causa de la espontánea recomendación boca en boca.

La ética Organizacional

La primera norma ética de una organizacional la dicta el comportamiento espontáneo de quienes la dirigen; sus dichos y  el proceder ante cada dilema serán registrados por los atentos subordinados que buscan satisfacer a sus dirigentes.  En la medida en que evoluciona la organización deberá evolucionar su comportamiento ético desde la mera imitación de quienes la dirigen hasta la consecución de un código de conducta y la internalización en cada miembro hasta lograr formar una cultura organizacional propia y única que trasmita sus valores a los nuevos miembros y pueda ser visualizada por la sociedad a la cual sirve.

Para que el comportamiento ético dentro de una organización sea respetado, practicado e incentivado debe ser, primero, común hablar sobre ética, exaltando las conductas apropiadas y castigando las que muestran desviación.  Ya desde la definición de nuestra misión como organización se deberá de plantear la conducta ética esperada y los valores en los cuales basaremos nuestro accionar serán expuestos ante las personas que deseen ser parte de ella.

¿Por qué será de importancia hablar sobre ética en una revista especializada?  Pues porque no interesa sobre que industria nos refiramos, ya que todas las organizaciones buscan un mismo fin: el de ser viables y prestar los servicios que la sociedad requiera y sobre los cuales se especializa y será la sociedad quien dictaminará, finalmente, la valía de nuestra producción en base a criterios también subjetivos que valorarán el respeto a las normas culturales comunes.  Además, la  eficiencia y eficacia de la operatividad de nuestra organización serán función de la motivación lograda en nuestros asociados, tanto mayor cuanto mayor sea la identificación personal con los valores comunes y, para ello, será necesario el entendimiento de los procesos morales y éticos tanto personales como organizacionales.

domingo, 24 de enero de 2016

Desde los nuevos paradigmas económicos hacia la Evolución de la Empresa de Conservación de Ascensores

Ya hemos aprendido a manejar en tiempos tormentosos para bien aplicar el refrán: “a río revuelto ganancia de pescadores”

Si evaluáramos brevemente el desempeño de nuestra industria desde hace escasos 20 años a la fecha notaremos los diferentes ritmos y huellas que imponen las constantes modificaciones que generan nuevos paradigmas.  Las pequeñas empresas conservadoras, que marcan la diferencia en nuestra industria respecto a la de las demás industrias de los hermanos países latinoamericanos lejos de la posibilidad de desaparecer parecen afianzarse interpretando muy bien los humores cambiantes de nuestra economía.  A pesar de vivenciar un permanente estado de crisis cambiaria, inflacionaria, de incertidumbre general el empresariado argentino, ya acostumbrado a estos avatares, puede seguir adelantando y, creo, las empresas dedicadas a la conservación de ascensores aprovechan esta marea y ven crecer su parque a cargo.  Son menos los que no logran beneficiarse de esta circunstancia y, de a poco, van quedando atrapados en su pequeña realidad ya dispuestos a aceptar su condición como la de un mero oficio, perdiendo definitivamente la necesaria visión de un emprendedor.

Para montar la cresta y lograr mantener un proceso de constante crecimiento, generalmente de forma intuitiva, hemos profesionalizado nuestra labor adoptando nuevas herramientas de Gestión tanto Administrativa como Tecnológica que nos ha permitido soliviar la mayor estructura organizativa que requieren nuestras PYMES. 

Sabido es que dentro de la vertiginosa turbulencia de los cambios es cuando sobresale el talento y la formación diferente, quienes tengan ese poder innato de supervivencia extrema de adaptación, versatilidad y, por sobre todo, la visión del horizonte que aún no se deja ver podrán liderar con ventaja sobre quienes aún no logran, no pueden o simplemente no quieren enterarse de que la sociedad indefectiblemente acompañara de una u otra forma esta nueva realidad.  Por supuesto que en el camino habrán rezagados pero la mayoría de nuestros empresarios ya están preparados y asisten a este rumbo que se afianza en nuestro país; la mayor profesionalización y jerarquización de los servicios de conservación de ascensores generará una mayor especialización y necesidad de otra infraestructura, el crecimiento de estas organizaciones ya es inevitable.

En plena recesión apenas bajó la demanda de elevadores; si, hubo menor trabajo pero nunca en los niveles antes esperados y hasta el fenómeno inflacionario, bien manejado, pudo presentarse como una ventaja competitiva lográndose una mayor rapidez en la resolución de cada contrato y hasta, en muchos casos, una mejor forma de pago logrando percibir el total de la inversión por adelantado, olvidándonos del agobio que genera luego buscar la certificación final.  Claro que somos conscientes que todo proceso inflacionario puede resultar fatal para el desprevenido y, de hecho, genera quiebras pero otra vez repetimos: nuestro empresariado ya ha tomado varias lecciones sobre economía argentina y sabe actuar, salvo las excepciones que son de público conocimiento y de las cuales ya podríamos aseverar que han sido debido una conducta displicente y hasta irresponsable más que a las consecuencias de nuestra realidad como país.  En estos casos la inflación actúa como una zaranda o un tamiz que dejará de lado la materia prima no apta para esta industria y en todo caso es una herramienta más que eficaz en un proceso de nivelación hacia arriba y a la evolución en cuanto al profesionalismo empresarial.

El nuevo escenario a ocupar nos exigirá una mayor capacidad de gestión, no solo para dejar de utilizar la libreta de notas e incorporar sistemas informáticos sobre reclamos y manejo de cuentas sino para no perder el contacto personal para con una cada vez mayor cantidad de clientes.  A pesar de que nuestras organizaciones crezcan y ya sintamos tener una gran empresa de servicios estos nunca serán de forma monopólica y, aunque lo fueran, nunca se debe de perder el sentido de servicio y atención personalizada, pues la naturaleza de esta esta industria no lo permite, ya se vio en casos donde el trato despersonalizado primo sobrevino al tiempo la falta de confianza del cliente hacia su operador y la consecuente debacle económica primero y financiera luego de quien aplico este criterio.  
Esta nueva realidad nos obliga a participar insistentemente en todo foro y discusión posible acerca de la normalización de la actividad, su regulación y la necesidad de una mayor profesionalización de los actores, ya sean los operarios, los inspectores y hasta quienes administran el sistema de transporte vertical de cada inmueble.  La actividad solidaria y altruista no es más que el pequeño grano de arena que debemos aportar para construir definitivamente esta nueva realidad que deberá de aplicarse de una forma descentralizada y solidaria hacia las jurisdicciones de menores recursos, pues no deben de quedar sitios propicios para las malas praxis, la competencia deberá gestarse hacia la innovación y calidad total certificada.

Y no nos olvidemos de Juan

Ya lo hemos dicho, el principal eslabón que asegura el éxito de nuestra actividad, lo constituyen nuestros técnicos de atención, sin ellos toda palabra es nada, la mayor de las herramientas para afianzar el cambio será la capacitación constante y permanente de quienes ejerzan el oficio de ascensorista.  Deberemos de imponer certificaciones de oficio periódicas evaluando criterios tecnológicos, sobre seguridad y desempeño en la atención hacia las necesidades de nuestros clientes, veremos no solo su profesionalización sino también su jerarquización, la sociedad todavía no entiende que un técnico ascensorista tiene una responsabilidad similar o hasta incluso superior a quien inspecciona una aeronave y esto ocurrirá, tiempo mediante, mediante un proceso de capacitación permanente, siempre y cuando las empresas conservadoras apoyen y complementen la iniciativa entregando los recursos físicos necesarios pues el santo es santo pero más santo será si se viste como tal.

viernes, 22 de enero de 2016

Hacia el Estudio del Ascensor Sismorresistente

La rápida evolución de nuestras Ciudades en Zonas Sísmicas nos imponen la necesidad de estudiar las medidas de mitigación del riesgo en nuestras obras de Ascensor


El reciente sismo de Nepal que provoco aproximadamente 5600 víctimas fatales en Katmandu nos moviliza a repensar la situación del transporte vertical respecto a la prevención sobre contingencias de este tipo.  Recientemente la cercana Ciudad de Santiago sufrio un importante terremoto que afecto, entre otras construcciones, a sus elevadores.  Por suerte en la capital trasandina existen dispositivos sísmicos que, ante la evidencia de una aceleración basal, detienen preventivamente al elevador.  Si no hubiera sido de ese modo seguramente que el título del presente artículo sería correcto.  Por suerte no fue así  y el título solo pretende alertarnos sobre una posibilidad cierta de accidente debido a causas naturales.  No obstante recordemos que, como ya explica Andrew Maskry, los desastres no son naturales sino consecuencia de una inapropiada concepción humana.  Teniendo la capacidad y el conocimiento para analizar las probabilidades de ocurrencia de eventos naturales que pudieran afectar a nuestras obras es nuestra responsabilidad la de implementar medidas preventivas que aminoren sus efectos y, por sobre todas las razones, permitan salvar vidas.
Historicamente, los ingenieros se han preocupado por la seguridad estructural de sus obras pero han dejado de lado sus construcciones complementarias, que deben de vincularse íntimamente a las primeras.  Nos hemos preocupado por construir estructuras sismorresistente que permitan salvar vidas sin percatarnos que, por su interior, circulan carreteras que transportan a sus habitantes.  Al igual que es necesario pensar la seguridad de un puente vehicular o de una autopista, el sistema de ascensores o, mejor dicho, el sistema de transporte vertical de una edificación transporta un importante flujo de personas sostenidas ya sea por cables de ascero o por un pistón hidráulico, que deben su resistencia estructural al sistema de guias internas que actúan absorviendo acciones varias, según estas, sobre cualquier dirección espacial.  La fuerza resistente a estas acciones indefectiblemente es función de la forma en que la obra complementaria se vincula a la estereoestructura y de la eficiencia y eficacia que puedan desarrollar debido a la tecnología y artesanía de su instalación.

En la Centro Oeste de nuestro país no observamos reglamentación específica respecto a estructuras de ascensor sismorresistentes y si nos permitimos aclarar más sobre el asunto, los profesionales de la construcción piensan al elevador tal cual pueden pensar a una instalación de aire acondicionado.  No caen en cuenta que el elevador transporta personas y que se debe de asegurar la integridad física de los transportados aún ante contingencias naturales como lo es un sismo.  El elevador no es una instalación estática y se la puede definir como “obra complementaria destinada al transporte de personas, compuesta por un sistema estático íntimamente vinculado a la estereoestructura por el cual circula y un sistema móvil o dinómico que cumple la función de vehículo”.

No es necesario un sismo severo (terremoto) para provocar un accidente en el sistema de elevación de un edificio, tan solo un sismo leve puede provocar el choque de contrapeso con cabina, en el caso de grampas mal instaladas y guiadores no adecuados que permitan un movimiento excesivo, además de una mayor distancia entre sujeciones.

Observamos en la imagen un guiador de contrapeso demasiado “ajustado” que, debido a una excesiva luz entre sujeciones y estas, para colmo de males” mal ajustadas con pequeños juegos permitieron el descarrilamiento de la jaula provocando, de subida, un choque con cabina.  El resultado fue un desajuste en las fuerzas de rozamiento en polea y el deslizamiento del coche, al llegar a parada superir, hacia abajo, deteniéndose luego de una “caída de cuatro pisos”.  En este mal ejemplo podemos observar otras patologías que, al momento de la construcción, inspección y aprobación municipal nadie descubrio.  Son responsables: el instalador, el representante técnico, el director técnico y la autoridad de aplicación.


Otras patologías observadas son la escasa distancia que existe entre contrapeso y coche y la ausencia de barrera física de separación.  También la inexistencia de dispositivos guarda cables en poleas o sujeciones adecuadas en máquinas tractoras.


El cambio inicia a través de una etapa educadora, es preciso identificar las diversas necesidades de obra de acuerdo a cada locación particular, el debate ha comenzado y los instaladores del centro oeste argentino deberán adecuarse a los nuevos saberes y experiencias logrados cada vez que ocurre un sismo.  Deberemos trabajar en trasladar estos conocimientos a la normativa regional y, de ser posible, a la nueva reglamentación nacional.  Es decir, la problemática no es local sino nacional debido a que se comparten componentes y, en gran medida, porque el equipamiento a instalar se fabrica en otro sitio.

Medidas Antisísmicas

·         Disminuir distancia entre grampas.  Verificar efectos de arrancamiento, abollamiento y pandeo.
·         Imponer barrera entre contrapeso y cabina.
·         Instalar sensor sísmico que detenga el funcionamiento del ascensor.
·         Confinar contrapeso mediante en su plano.
·         Modificar sistema de guiadores para soportar movimiento laterales anormales.
·         Fijar máquina a suelo mediante brocas que impidan desplazamiento y posible vuelco.
·         Instalar dispositivos guardacables en poleas.
·         Instalación de tensores en base de máquina si esta supera el medio metro en altura.
·         Para ascensores Hidráulicos, verificar estabilidad del pandeo, capacidad de movimiento en apoyo de pistón a columna y realizar fijaciones adecuadas entre estos.  No se deberá permitir el pistón simplemente apoyado a su columna sino fijarlo mediante, por ejemplo, extensión roscada o perno en base.
·         Entre otras medidas.